🕵️♀️ Expediente Nº 27: La Habitante del Mar
🌅 La mañana
A las primeras luces del alba, la sospechosa emerge.
Pista 1: Su cabello brilla como algas doradas, húmedo y ondulante.
Pista 2: No camina… se desliza entre las olas, como si el agua fuese su suelo natural.
Anoto: “No pertenece a la tierra firme.”
🕵️ El mediodía
La sospechosa canta.
Pista 3: Su voz no es común; provoca que las gaviotas giren en círculos y los peces salten como hipnotizados.
Pista 4: Los marineros que pasan cerca se detienen, confundidos, como si escucharan un hechizo.
Anoto: “Melodía peligrosa, pero dulce.”
🌆 La tarde
La sospechosa colecciona objetos.
Pista 5: Entre las rocas guarda espejos, peines y fragmentos de vidrio pulido por el mar.
Pista 6: Los acaricia con ternura, como si fueran tesoros de otro mundo.
Anoto: “Curiosidad por lo humano.”
🌙 La noche
Al caer la luna, la sospechosa se sumerge.
Pista 7: Su silueta se funde con el agua, dejando un destello plateado.
Pista 8: Se escucha un último acorde, como un suspiro que se pierde en la espuma.
Anoto: “No duerme en tierra, su lecho es el océano.”
🌊 Conclusión del caso
Todas las pistas coinciden:
Cabello de algas doradas.
Voz hipnótica.
Tesoros humanos escondidos.
Silueta que se funde con el mar.
La sospechosa no es una criminal… Es una SIRENA.
Fin del expediente.

FRAGMENTO
Wilde, Oscar - El Pescador y su Alma
Tan bella era aquella sirenita que cuando el joven Pescador la vio, se sintió sobrecogido de maravilla, alargó la mano y la atrajo hasta él; luego inclinándose sobre el borde de la barca, la tomó en brazos.
Pero apenas la tocó, la sirenita gritó como una gaviota asustada, y despertó, y lo miró con sus ojos de amatista llenos de terror, esforzándose en un vano intento de escapar.
Él la sujetó poderosamente abrazada, sin dejarla escapar. Cuando la sirenita comprendió que no había forma de huir se puso a llorar y dijo:
—Te suplico que me dejes en libertad. Soy la hija única de un Rey, y mi padre ya es viejo y vive solo. Pero el joven Pescador respondió:
—No te soltaré hasta que me prometas que cada vez que te llame obedecerás mi llamada, y cantarás para mí. A los peces les fascina el oír las canciones del pueblo del mar, y así mis redes estarán siempre llenas.
—¿Juras que me soltarás si te hago esa promesa? —preguntó la sirena. —Juro que te soltaré —respondió el joven Pescador.
Ella hizo entonces la promesa pactada, jurando con el juramento de los hijos del Mar. Él abrió los brazos y la sirenita se sumergió en el agua temblando con un extraño temblor. 2 Todas las tardes el joven Pescador se internaba mar adentro, y llamaba a la sirena, y ella acudía invariablemente; salía del agua y cantaba. En torno de ella nadaban los delfines, y las gaviotas le revoloteaban sobre la cabeza. Cantaba una canción maravillosa.
Mientras la sirenita cantaba, los atunes subían de las profundidades para oíra, y el joven Pescador lanzaba sus redes al mar y los atrapaba, o bien traspasaba con su arpón a los más grandes. Y cuando tenía su barca bien cargada, la sirena le sonreía y se sumergía nuevamente hacia el reino de su padre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario